El color de la madera es blanco nacarado que a veces puede ser rosado. En esta especie no se distingue entre la madera de albura y duramen. La fibra es recta y el grano basto. Presenta buenas aptitudes para el curvado.

Los fresnos se cultivan frecuentemente como árboles ornamentales. Su madera es resistente y elástica, con dibujo por los anillos de crecimiento. Suministra una excelente leña y carbón, sirviendo además sus hojas de alimento al ganado, por lo que es frecuente el desmoche o descabezado de los fresnos, hábito que les da un aspecto muy característico con la parte superior del tronco engrosada y ramas jóvenes y delgadas.

La principal aplicación de la madera antiguamente era para fabricar carretas. Su raíz es muy estimada en ebanistería por las hermosas aguas que presenta. Los romanos castigaban con rigor la corta o el incendio de esta especie que, por sus cualidades insuperables de tenacidad, dedicaban a la construcción de armas de guerra, como las catapultas.

Las hojas se han empleado como medicinales, gozando de propiedades diuréticas y antirreumáticas; en infusión se consideran efectivas en la artritis y crisis de gota. También se han utilizado como laxantes. Su acción parece ser debida a derivados polifenólicos. En otros tiempos la corteza de fresno tenía reputación como tónica y febrífuga, pero no se usa en la actualidad. Una propiedad curiosa es la que atribuye Quer a sus semillas que, bien maduras, secas, reducidas a polvo y tomadas con vino, servirían para «enflaquecer».

Se usa para mangos de herramientas, chapas para recubrimientos decorativos, artículos deportivos, suelos, piezas curvadas, ebanistería.

Se encuentra por todo Europa, en el norte de África y en el este de Asia.

GUINDEO CASASÚS, A. GARCÍA ESTEBAN, L. (1997). Especies de maderas. AITIM. Madrid.
LÓPEZ GONZÁLEZ, G. (1982). La guía de INCAFO de los árboles y arbustos de la península Ibérica. INCAFO. Madrid.